Ya hacía tiempo que no comíamos aquí, sentaditos me refiero. Mi marido y yo seguimos visitando la barra del lugar con cierta frecuencia, aunque no es lugar de barra propiamente dicha pero..., la mejor cerveza del barrio.
Reunión con amigos, que cuesta coincidir, pasar un buen rato y degustar ricas viandas regadas con buen vino. El trato y el servicio inmejorable, Silvia y Antonio miman a sus clientes como nadie, secundados por grandes profesionales.
Degustamos un par de paellas, una exquisita ensaladilla rusa hecha especialmente ese día, amén de mi ensalada preferida con pesto y las croquetas. A las carnes no llegamos, a pesar de tener gran variedad donde elegir, somos más de beber que de comer. Me faltó mi postre de limón y no tuve suerte en el elegido, pero caté de todo un poco que el dulce no lo perdono.
Gracias por agasajarnos tan requetebién.

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